¿Qué hay en una cafeteria vacía? Un tio sentado sólo con un portátil, y otro entrando para sentarse a leer el periódico. Sábado por la mañana y algo me dice que la facultad entera salió ayer de marcha. Podría decir que la gente tiene clases, pero incluso entonces la cafeteria se medio llena- que nadie se alarme, no diré nombres.
Como dijo un profesor, ir a clase es un derecho, no una obligación- eso lo añado yo. Pero de todas maneras, los profesores, la mayoría, siempre fichan en clase, sobretodo si te has dedicado a darte a conocer en las primeras clases. Para los estudiantes de más abajo, nunca os luzcais en primero preguntando cosas que no sabeís- si encima las sabeís y solo quereis fardar, peor- porque, primero, la clase te tomará por empollón, y segundo, los profesores te conocerán, y pueden pensar muchas malas cosas de ti, y las pocas buenas no merecen la pena. Olvidate de tu sapiencia e ignorancia, pasa desapercibido y ve a los examenes con todo- mejor solo la sapiencia.
Sábado mañana y acaba de irrumpir en escena el dúo dinámico. Se diria que por la pinta parecen dos viajeros estraviados cuando se supone deberían llevar un mensaje. Que cosas. O poca calamidad, nuestros amigos del lade han hecho su entrada. Y van sin escudo. Eso solo puede significar una cosa en la mentalidad espartana. “¿qué ha ocurr pichote, que haces aquí? Na, intentando tomar algo, después de haber intentado entender problemas de mates en clase y fracasar.”parece que ésta es la mañana de los intentos. Na que na, el maestro Yoda se hubiese tirado de los pelos con nosotros. Y eso que les tenía que tener algo de aprecio. En fin. Ochocientos años de pelo a la mierda por indecentes universitarios. Desde la esquina de la cafeteria, Patricio Sánchez-Jáuregui se despide.


Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados